- Uno de los cuatro presos transexuales de Villabona pasa al módulo de mujeres
- La Audiencia afirma que no se puede ignorar la realidad por no poder acceder a una «costosa intervención quirúrgica»
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La Sección Tercera -que en todo momento se refiere a Lastra Lamar como «el interno» o «el recurrente», en masculino- basa su decisión en los informes realizados desde su internamiento en la prisión. Aunque reconoce que Lastra no se ha sometido a ninguna operación de cambio de sexo, sí subraya que «sigue un tratamiento hormonal, con revisiones en endocrinología», según los datos aportados al proceso por la subdirectora médica del centro penitenciario. Por su parte, según el psicólogo de la cárcel, su comportamiento «cumple los criterios para el diagnóstico de un trastorno de identidad sexual», ya que «presenta una identificación acusada y persistente con el otro sexo», que se manifiesta con «síntomas tales como un deseo firme de pertenecer al otro sexo, de vivir o ser tratada como una persona del otro sexo o de experimentar las reacciones y las sensaciones típicas del otro sexo».
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Según el informe del psicólogo, María Jesús Lastra, que en Villabona está inscrita como Jesús Lastra, «presenta un malestar persistente con su propio sexo y un sentimiento de inadecuación con su rol, que se manifiesta a través de la preocupación de eliminar las características sexuales primarias y secundarias, a través de un tratamiento hormonal, quirúrgico u otros procedimientos para modificar físicamente sus rasgos sexuales». Su objetivo, apostilla, es «parecerse al otro sexo, añadiendo que dicha alteración le provoca un malestar clínicamente significativo y un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo». Además, «Lastra tiene una apariencia femenina» y todos la conocen «como María Jesús». Así, el psicólogo del centro concluye que «desde el punto de vista conductual y emocional», Lastra -que llegó a ponerse en huelga de hambre para reivindicar sus derechos- «está más cerca del género femenino que del masculino».
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Según la Audiencia Provincial, «resulta evidente que mantener a Lastra en un módulo de hombres supone desconocer una realidad social representada por un colectivo de personas que se identifican intensamente con el otro sexo, con toda la problemática añadida de la reclusión penitenciaria y con el agravio comparativo según se haya podido acceder o no a costosas operaciones quirúrgicas». Según confirmaron a este periódico fuentes penitenciarias, una quinta presa transexual, que en esta ocasión sí se sometió a una intervención de cambio de sexo, lleva varios meses ingresada en el módulo de mujeres.
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La Sección Tercera apunta que «precisamente para evitar este tipo de dislates y a instancias de la Comisión parlamentaria de Política Social y Empleo del Congreso de los Diputados, Instituciones Penitenciarias emitió una instrucción con la finalidad de hacer efectivo en el ámbito penitenciario el respeto a los derechos de los transexuales». Según esta instrucción, explica la Audiencia, «deben buscarse fórmulas para que los transexuales a los que no se les haya reconocido su cambio de sexo en un documento oficial acreditativo de su identidad sean ingresados en caso de condena atendiendo al sexo socialmente reconocido y por el que desarrollan su vida de siempre».
- Oviedo, Idoya RONZÓN
- La Nueva España, 19-01-2006
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